domingo, 15 de febrero de 2026


 

¿Nos reemplazará la IA?.. 

El verdadero desafío es no reemplazarnos a nosotros mismos

En los últimos meses, la Inteligencia Artificial dejó de ser un tema de películas de ciencia ficción para convertirse en parte de nuestra vida diaria. Hoy, una máquina puede escribir textos, crear imágenes, responder preguntas y hasta “conversar” con las personas. Ante este avance vertiginoso, surge una inquietud legítima: ¿qué lugar ocuparemos los humanos dentro de dos años, dentro de cinco, dentro de una década?

La respuesta honesta es que la IA no viene a reemplazar a los seres humanos como especie, pero sí está transformando muchas de las tareas que antes realizábamos, como Procesar datos, redactar borradores, editar contenidos o automatizar trámites son funciones que las máquinas hacen cada vez mejor y más rápido. En ese terreno, la IA nos supera y nos seguirá superando.

Sin embargo, hay algo que ninguna máquina posee ni ha demostrado que pueda tener: conciencia, sentimientos y experiencia humana real. La Inteligencia Artificial puede imitar emociones, escribir frases de consuelo o de ánimo, pero no siente dolor, no ama, no sufre pérdidas, no conoce la angustia ni la esperanza como las vive una persona de carne y hueso. No tiene memoria emocional ni identidad.

Por eso, lejos de desaparecer, lo humano cobra más valor. En un mundo cada vez más automatizado, la cercanía, la empatía, el criterio ético, el liderazgo y el contacto directo con la gente se vuelven insustituibles. En el periodismo, por ejemplo, ninguna IA puede reemplazar al comunicador que camina el barrio, escucha a la comunidad, conoce los problemas reales de su cantón y da voz a quienes no la tienen, por lo tanto y antes de emprender la retirada o jubilarnos, seguimos recorriendo los caminos polvorientos, dialogando con la carita sucia, con la madre sacrificada que olvido sus sueños, con el mendigo que extiende la mano, pidiendo un mendrugo para sacar su hambre.

El verdadero riesgo no está en que la IA “sienta” o “piense como un humano”,  porque no lo va  a hacer, sino en que los humanos dejemos de pensar por nosotros mismos. Delegar el criterio, la verificación de la información y las decisiones importantes a una máquina, se puede volvernos más cómodos, pero también más vulnerables a la manipulación y la desinformación.

La Inteligencia Artificial es una herramienta poderosa. Puede ayudarnos a trabajar mejor, a informarnos más rápido y a optimizar procesos. Pero no debe reemplazar nuestra conciencia, nuestro sentido crítico ni nuestra responsabilidad como ciudadanos, como periodistas, debemos ser acuciosos, investigar, contrastar, no convertirnos en copia y pega, debemos constatar la verdad.

En definitiva, el lugar de los humanos en la era de la IA no es competir con las máquinas en velocidad, sino defender lo que nos hace humanos: la capacidad de sentir, de pensar con criterio propio, de actuar con ética y de construir comunidad.

Aquí estaremos hasta que venga la muerte con su lampara de polen a quitarnos la vida quemándonos los huesos, la mejilla pegada a las narices.

sábado, 14 de febrero de 2026


 

 


 “Entre pan, circo y alcohol: la resaca de una sociedad que mira                                              a otro lado”



Hay costumbres que se heredan, como un abrazo…
y otras que se heredan como una condena.

En Cuenca y en gran parte del Azuay, beber no es solo una práctica social:
es casi un ritual.
Se bebe para celebrar, se bebe para llorar,
se bebe para olvidar,
se bebe porque “así somos”.

El problema no es la fiesta.
El problema es que el alcohol se ha convertido en la primera opción para todo:
para el cumpleaños,
para el partido,
para el desamor,
para el fin de clases,
para el simple hecho de existir.

Hoy vemos jóvenes ebrios a plena luz del día,
en los alrededores de unidades educativas,
cerca de universidades,
en locales que ayer fueron papelerías, librerías, tiendas de barrio…
y que hoy, sin mayor pudor, funcionan como cantinas improvisadas.

Y entonces la pregunta duele:
¿En qué momento normalizamos esto?

Los padres miran a otro lado.
Los profesores miran a otro lado.
Las autoridades miran a otro lado.
Todos saben que pasa…
pero pocos hacen algo cuando pasa.

Nos indignamos cuando ocurre una tragedia,
cuando un joven muere en un accidente,
cuando una pelea termina en sangre,
cuando la madrugada cobra una víctima más.
Pero antes…
antes nadie quiso ver la raíz del problema.

Porque es más cómodo decir:
“Son cosas de jóvenes”.
“Yo también tomé a esa edad”.
“Es parte de crecer”.

No.
No es parte de crecer.
Es parte de abandonar.

Abandonar a una generación que está aprendiendo que la evasión es la respuesta,
que el trago es refugio,
que la botella es consuelo,
que la borrachera es identidad.

Los operativos se anuncian.
Las cámaras se prenden.
Los controles se publicitan.
Pero el fondo del problema sigue intacto:
la permisividad social,
la doble moral,
la costumbre de celebrar todo… incluso lo que nos está destruyendo.

Tal vez no falten leyes.
Tal vez falte coraje.
Coraje para cerrar el local ilegal.
Coraje para sancionar al que vende a menores.
Coraje para decirle a un hijo: “No, así no”.
Coraje para que la escuela eduque también en valores y límites.
Coraje para que la autoridad no solo reaccione… sino prevenga.

Porque cuando el alcohol ocupa el primer lugar en cada ocasión de la vida,
no estamos hablando de tradición.
Estamos hablando de una adicción cultural.

Y toda adicción, tarde o temprano,
pasa factura.

Hoy no se trata de moralizar.
Se trata de mirar de frente una realidad incómoda:
una sociedad que brinda por todo,
pero que llora cuando ya es demasiado tarde.

Quizá llegó la hora de brindar menos…
y hacernos más responsables.

martes, 3 de febrero de 2026


 

¿Nos reemplazará la IA?.. El verdadero desafío es no reemplazarnos a nosotros mismos

En los últimos meses, la Inteligencia Artificial dejó de ser un tema de películas de ciencia ficción para convertirse en parte de nuestra vida diaria. Hoy, una máquina puede escribir textos, crear imágenes, responder preguntas y hasta “conversar” con las personas. Ante este avance vertiginoso, surge una inquietud legítima: ¿qué lugar ocuparemos los humanos dentro de dos años, dentro de cinco, dentro de una década?

La respuesta honesta es que la IA no viene a reemplazar a los seres humanos como especie, pero sí está transformando muchas de las tareas que antes realizábamos, como Procesar datos, redactar borradores, editar contenidos o automatizar trámites son funciones que las máquinas hacen cada vez mejor y más rápido. En ese terreno, la IA nos supera y nos seguirá superando.

Sin embargo, hay algo que ninguna máquina posee ni ha demostrado que pueda tener: conciencia, sentimientos y experiencia humana real. La Inteligencia Artificial puede imitar emociones, escribir frases de consuelo o de ánimo, pero no siente dolor, no ama, no sufre pérdidas, no conoce la angustia ni la esperanza como las vive una persona de carne y hueso. No tiene memoria emocional ni identidad.

Por eso, lejos de desaparecer, lo humano cobra más valor. En un mundo cada vez más automatizado, la cercanía, la empatía, el criterio ético, el liderazgo y el contacto directo con la gente se vuelven insustituibles. En el periodismo, por ejemplo, ninguna IA puede reemplazar al comunicador que camina el barrio, escucha a la comunidad, conoce los problemas reales de su cantón y da voz a quienes no la tienen, por lo tanto y antes de emprender la retirada o jubilarnos, seguimos recorriendo los caminos polvorientos, dialogando con la carita sucia, con la madre sacrificada que olvido sus sueños, con el mendigo que extiende la mano, pidiendo un mendrugo para sacar su hambre.

El verdadero riesgo no está en que la IA “sienta” o “piense como un humano”,  porque no lo va  a hacer, sino en que los humanos dejemos de pensar por nosotros mismos. Delegar el criterio, la verificación de la información y las decisiones importantes a una máquina, se puede volvernos más cómodos, pero también más vulnerables a la manipulación y la desinformación.

La Inteligencia Artificial es una herramienta poderosa. Puede ayudarnos a trabajar mejor, a informarnos más rápido y a optimizar procesos. Pero no debe reemplazar nuestra conciencia, nuestro sentido crítico ni nuestra responsabilidad como ciudadanos, como periodistas, debemos ser acuciosos, investigar, contrastar, no convertirnos en copia y pega, debemos constatar la verdad.

En definitiva, el lugar de los humanos en la era de la IA no es competir con las máquinas en velocidad, sino defender lo que nos hace humanos: la capacidad de sentir, de pensar con criterio propio, de actuar con ética y de construir comunidad.

Aquí estaremos hasta que venga la muerte con su lampara de polen a quitarnos la vida quemándonos los huesos, la mejilla pegada a las narices.

  ¿ Nos reemplazará la IA?..  El verdadero desafío es no reemplazarnos a nosotros mismos En los últimos meses, la Inteligencia Artificial ...