Te sonríe…
te da la mano…
te llama “hermano”, “compañera”, “amigo del alma”.
En campaña… todos los políticos te conocen.
Después… nadie te recuerda.
El hermano discute con el hermano
Le faltan el respeto al padre a la madre
El político se convierten en el ídolo, el héroe.
El que piensa distinto, es su enemigo.
Nunca des todo por un político.
Porque, él sí sabe exactamente qué quiere de ti:
tu voto.
Nada más.
Te promete empleo…y cuando gana, todos los puestos están ocupados por sus
familias o amigos. Para ti ya no está bacante ni de chofer.
y tu barrio sigue igual.
Te promete seguridad…pero tienen que organizarse los barrios, poner alarmas,
botones, y al final se apresa al delincuente que ha sido el hijo del vecino del
barrio, que tuvo que robar para dar de comer a su familia
y sigues mirando por encima del hombro al llegar a casa.
Te promete hospitales…
y terminas haciendo fila desde la madrugada para un turno que nunca llega, y si
llega no hay medicinas, no hay quien te opere, al final, alguien en la familia
muere.
Te promete educación…le mandan a tu hijo a una escuela que queda a una hora
a pie de tu casa, no hay cupos en los colegios, estos se vuelven escuelas del
crimen. Violan la inmunidad Universitaria, porque la vicepresidente ha sido
invitada a una rendición de cuentas en predios universitarios y primerito
ingresan, armados hasta los dientes los militares, que están para la guerra no
para enfrentar estudiantes, ingresan policías con fusiles, granadas, gas
pimienta que debe servir para combatir la delincuencia, no a estudiantes que no
tienen armas sino su ideología y su voz para gritar “fuera de la universidad” a
los intrusos, mientras las escuelas se caen a pedazos, y los directores
distritales, afirman que todas las escuelas están óptimas condiciones.
Y tú… ¿qué haces?
Aplaudes.
Crees.
Defiendes.
Hasta peleas con tu familia por alguien que ni siquiera sabe que existes.
No mueras por un político.
Porque cuando tú tienes problemas…
él tiene escoltas.
Cuando tú haces fila…
él entra por la puerta de atrás.
Cuando tú te quedas sin trabajo…
él ya aseguró el suyo… y el de sus amigos.
Te hablan bonito,
con discursos ensayados,
con sonrisas perfectas,
con promesas que suenan bien…
pero que muchas veces ya saben que no van a cumplir.
Y lo más duro, no es que mientan…
lo más duro es que todavía los creamos.
Nos acostumbramos a la mentira elegante,
al abrazo falso,
al “vamos a cambiar el país, el cantón”…
que se repite elección tras elección.
Pero aquí viene la verdad incómoda:
Si sigues creyendo sin cuestionar…
eres parte del problema.
Si defiendes a un político como si fuera tu familia…
estás renunciando a tu criterio.
Y si entregas tu voto sin conocer al candidato y saber que si va a cumplir
la promesa, estás firmando otro cheque en blanco.
La política no debería ser un acto de fe.
Debería ser un acto de responsabilidad.
No se trata de odiarlos a todos…
se trata de no idolatrar a ninguno.
Se trata de exigir nuestros derechos,
de vigilar,
de recordarles que están ahí por ti…
no al revés.
Porque al final…
el político vive de tus impuestos, de tu plata, de tu dinero de tus decisiones.
El político está, porque tú lo elegiste.
Pensemos bien y elijamos al mejor, ahora, no nos dejemos engañar.