¿Nos reemplazará la IA?.. El verdadero
desafío es no reemplazarnos a nosotros mismos
En los últimos meses, la Inteligencia Artificial dejó de ser un tema de
películas de ciencia ficción para convertirse en parte de nuestra vida diaria.
Hoy, una máquina puede escribir textos, crear imágenes, responder preguntas y
hasta “conversar” con las personas. Ante este avance vertiginoso, surge una
inquietud legítima: ¿qué lugar ocuparemos los humanos dentro de dos
años, dentro de cinco, dentro de una década?
La respuesta honesta es que la IA no viene a reemplazar a los seres humanos
como especie, pero sí está transformando muchas de las tareas que antes
realizábamos, como Procesar datos, redactar borradores, editar contenidos o
automatizar trámites son funciones que las máquinas hacen cada vez mejor y más
rápido. En ese terreno, la IA nos supera y nos seguirá superando.
Sin embargo, hay algo que ninguna máquina posee ni ha demostrado que pueda
tener: conciencia, sentimientos y experiencia humana real. La
Inteligencia Artificial puede imitar emociones, escribir frases de consuelo o
de ánimo, pero no siente dolor, no ama, no sufre pérdidas, no conoce la
angustia ni la esperanza como las vive una persona de carne y hueso. No tiene
memoria emocional ni identidad.
Por eso, lejos de desaparecer, lo humano cobra más valor.
En un mundo cada vez más automatizado, la cercanía, la empatía, el criterio
ético, el liderazgo y el contacto directo con la gente se vuelven
insustituibles. En el periodismo, por ejemplo, ninguna IA puede reemplazar al
comunicador que camina el barrio, escucha a la comunidad, conoce los problemas
reales de su cantón y da voz a quienes no la tienen, por lo tanto y antes de
emprender la retirada o jubilarnos, seguimos recorriendo los caminos polvorientos,
dialogando con la carita sucia, con la madre sacrificada que olvido sus sueños,
con el mendigo que extiende la mano, pidiendo un mendrugo para sacar su hambre.
El verdadero riesgo no está en que la IA “sienta” o “piense como un
humano”, porque no lo va a hacer, sino en que los humanos dejemos de
pensar por nosotros mismos. Delegar el criterio, la verificación de la
información y las decisiones importantes a una máquina, se puede volvernos más
cómodos, pero también más vulnerables a la manipulación y la desinformación.
La Inteligencia Artificial es una herramienta poderosa. Puede ayudarnos a
trabajar mejor, a informarnos más rápido y a optimizar procesos. Pero no
debe reemplazar nuestra conciencia, nuestro sentido crítico ni nuestra
responsabilidad como ciudadanos, como periodistas, debemos ser
acuciosos, investigar, contrastar, no convertirnos en copia y pega, debemos
constatar la verdad.
En definitiva, el lugar de los humanos en la era de la IA no es competir con
las máquinas en velocidad, sino defender lo que nos hace humanos:
la capacidad de sentir, de pensar con criterio propio, de actuar con ética y de
construir comunidad.
Aquí estaremos hasta que venga la muerte con su lampara de polen a quitarnos
la vida quemándonos los huesos, la mejilla pegada a las narices.