sábado, 14 de febrero de 2026

 


 “Entre pan, circo y alcohol: la resaca de una sociedad que mira                                              a otro lado”



Hay costumbres que se heredan, como un abrazo…
y otras que se heredan como una condena.

En Cuenca y en gran parte del Azuay, beber no es solo una práctica social:
es casi un ritual.
Se bebe para celebrar, se bebe para llorar,
se bebe para olvidar,
se bebe porque “así somos”.

El problema no es la fiesta.
El problema es que el alcohol se ha convertido en la primera opción para todo:
para el cumpleaños,
para el partido,
para el desamor,
para el fin de clases,
para el simple hecho de existir.

Hoy vemos jóvenes ebrios a plena luz del día,
en los alrededores de unidades educativas,
cerca de universidades,
en locales que ayer fueron papelerías, librerías, tiendas de barrio…
y que hoy, sin mayor pudor, funcionan como cantinas improvisadas.

Y entonces la pregunta duele:
¿En qué momento normalizamos esto?

Los padres miran a otro lado.
Los profesores miran a otro lado.
Las autoridades miran a otro lado.
Todos saben que pasa…
pero pocos hacen algo cuando pasa.

Nos indignamos cuando ocurre una tragedia,
cuando un joven muere en un accidente,
cuando una pelea termina en sangre,
cuando la madrugada cobra una víctima más.
Pero antes…
antes nadie quiso ver la raíz del problema.

Porque es más cómodo decir:
“Son cosas de jóvenes”.
“Yo también tomé a esa edad”.
“Es parte de crecer”.

No.
No es parte de crecer.
Es parte de abandonar.

Abandonar a una generación que está aprendiendo que la evasión es la respuesta,
que el trago es refugio,
que la botella es consuelo,
que la borrachera es identidad.

Los operativos se anuncian.
Las cámaras se prenden.
Los controles se publicitan.
Pero el fondo del problema sigue intacto:
la permisividad social,
la doble moral,
la costumbre de celebrar todo… incluso lo que nos está destruyendo.

Tal vez no falten leyes.
Tal vez falte coraje.
Coraje para cerrar el local ilegal.
Coraje para sancionar al que vende a menores.
Coraje para decirle a un hijo: “No, así no”.
Coraje para que la escuela eduque también en valores y límites.
Coraje para que la autoridad no solo reaccione… sino prevenga.

Porque cuando el alcohol ocupa el primer lugar en cada ocasión de la vida,
no estamos hablando de tradición.
Estamos hablando de una adicción cultural.

Y toda adicción, tarde o temprano,
pasa factura.

Hoy no se trata de moralizar.
Se trata de mirar de frente una realidad incómoda:
una sociedad que brinda por todo,
pero que llora cuando ya es demasiado tarde.

Quizá llegó la hora de brindar menos…
y hacernos más responsables.

martes, 3 de febrero de 2026


 

¿Nos reemplazará la IA?.. El verdadero desafío es no reemplazarnos a nosotros mismos

En los últimos meses, la Inteligencia Artificial dejó de ser un tema de películas de ciencia ficción para convertirse en parte de nuestra vida diaria. Hoy, una máquina puede escribir textos, crear imágenes, responder preguntas y hasta “conversar” con las personas. Ante este avance vertiginoso, surge una inquietud legítima: ¿qué lugar ocuparemos los humanos dentro de dos años, dentro de cinco, dentro de una década?

La respuesta honesta es que la IA no viene a reemplazar a los seres humanos como especie, pero sí está transformando muchas de las tareas que antes realizábamos, como Procesar datos, redactar borradores, editar contenidos o automatizar trámites son funciones que las máquinas hacen cada vez mejor y más rápido. En ese terreno, la IA nos supera y nos seguirá superando.

Sin embargo, hay algo que ninguna máquina posee ni ha demostrado que pueda tener: conciencia, sentimientos y experiencia humana real. La Inteligencia Artificial puede imitar emociones, escribir frases de consuelo o de ánimo, pero no siente dolor, no ama, no sufre pérdidas, no conoce la angustia ni la esperanza como las vive una persona de carne y hueso. No tiene memoria emocional ni identidad.

Por eso, lejos de desaparecer, lo humano cobra más valor. En un mundo cada vez más automatizado, la cercanía, la empatía, el criterio ético, el liderazgo y el contacto directo con la gente se vuelven insustituibles. En el periodismo, por ejemplo, ninguna IA puede reemplazar al comunicador que camina el barrio, escucha a la comunidad, conoce los problemas reales de su cantón y da voz a quienes no la tienen, por lo tanto y antes de emprender la retirada o jubilarnos, seguimos recorriendo los caminos polvorientos, dialogando con la carita sucia, con la madre sacrificada que olvido sus sueños, con el mendigo que extiende la mano, pidiendo un mendrugo para sacar su hambre.

El verdadero riesgo no está en que la IA “sienta” o “piense como un humano”,  porque no lo va  a hacer, sino en que los humanos dejemos de pensar por nosotros mismos. Delegar el criterio, la verificación de la información y las decisiones importantes a una máquina, se puede volvernos más cómodos, pero también más vulnerables a la manipulación y la desinformación.

La Inteligencia Artificial es una herramienta poderosa. Puede ayudarnos a trabajar mejor, a informarnos más rápido y a optimizar procesos. Pero no debe reemplazar nuestra conciencia, nuestro sentido crítico ni nuestra responsabilidad como ciudadanos, como periodistas, debemos ser acuciosos, investigar, contrastar, no convertirnos en copia y pega, debemos constatar la verdad.

En definitiva, el lugar de los humanos en la era de la IA no es competir con las máquinas en velocidad, sino defender lo que nos hace humanos: la capacidad de sentir, de pensar con criterio propio, de actuar con ética y de construir comunidad.

Aquí estaremos hasta que venga la muerte con su lampara de polen a quitarnos la vida quemándonos los huesos, la mejilla pegada a las narices.

miércoles, 14 de enero de 2026

Cuando el riesgo país baja, pero los       pacientes se mueren en los                              hospitales

Auxilien a mi hermano que esta 6 meses internado en el hospital Vicente Corral Moscoso…Necesitamos medicina para mi hijo que se muere…No pueden operar a los pacientes porque no hay insumos. Estos son los gritos que todos los días y a cada momento se escucha en los pasillos del Vicente Corral Moscoso.

Basta ya de mentirnos, de engañarnos, ahora se burlan del pueblo pobre, el que no tiene donde meter la mano para sacar millones de dólares, el pueblo sufrido y hambreado que aguanta no más lo que la hagan y lo que le digan. Los señores del gobierno, mientras el señorito presidente se pasea por el mundo ostentando el titulo de presidente del Ecuador, por los medios de comunicación, y hablando a voz en cuello gritan a los cuatro vientos que ya entregaron doscientos y mas miles de millones de medicamentos y que nadie puede quejarse del sacrificio que hace el gobierno para atender la salud en el país.

Mientras gritan a través del megáfono, estos señoritos que  fungen de ministros, los médicos, enfermeras, personal administrativo de la casa asistencial salen en marcha pacifica a protestar por la falta de medicinas e insumos, y claro que le dijimos a uno de los directivos “Acaban de anunciar que ya las dotaron de todas las medicinas” a lo que categórico nos informó que es mentira, apenas les hicieron llegar un 9% de lo necesario, y ni siquiera de medina urgente, solo algunos genéricos.

Entonces, el pueblo sufrido y hambreado grita por medicinas… en el exterior el presidente grita que bajó, a nivel internacional el riesgo país…¡ Que notición! y por acullá gritan que el Banco Central del Ecuador cuanta, hoy, con la mayor reserva económica en la historia de la patria…por acá el pueblo les dice…y a mi que me importa el riesgo país, que me importa la reserva monetaria, si nada de esto llegará a darnos medicina para salvar a los parientes…¡Esto nos beneficia porque ahora nos prestaran más dinero y a menor interés, nos dicen desde el gobierno…y…a nosotros el pueblo, pueblo que nos importa, nosotros no queremos ningún otro crédito internacional, si los créditos actuales no podemos pagar, peor otros. Que tenemos mucho dinero guardado… y ¿que nos importa si no nos llegara un centavo de toda esa plata?.

Ya estamos cerca del primer año de gobierno de Noboa y no sabemos para donde va el país, ¿nos han explicado algún plan real para aumentar el trabajo y evitar que prolifere el trabajo informal, estamos haciendo algo para que las bandas criminales dejen de reclutar a niños, jóvenes, a sus bandas, ya se solucionó el problema de la inseguridad nacional?. No, no, no… más bien cada día amanecemos con nuevas autoridades investigadas, encarceladas, juzgadas, ¡métanles presos a toda esta bandada de atracadores de corbata!…¡Ah, no pero si el mismo presidente de la judicatura, el que debe apresar a los malhechores está siendo acusado de infringir la ley.

Basta, basta Sr. Presidente, ya preocúpese de solucionar los problemas del país, y si la respuesta es que no hay plata, deje de pagar al fondo monetario internacional, por ahora, primero estabilice nuestra economía, y luego pague la deuda externa, porque de lo contrario si queremos pagar los prestamos no quedaremos ecuatorianos en pie para que podamos seguir pagando un IVA con el aumento del 3%, ni quien compre combustible con precios exorbitantes, que a la final no sabemos a donde va ese dinero, porque a vialidad, seguridad ni salud no señor.

martes, 13 de enero de 2026

 


 

IA y empleo en Cuenca: profesiones en riesgo y un déficit laboral que crece

La inteligencia artificial está transformando el mercado laboral y Cuenca no es ajena a esta realidad. Un análisis propio sobre tendencias de empleo advierte que, rumbo a 2026, varias profesiones tradicionales enfrentarán una reducción en la demanda, profundizando el déficit laboral que ya afecta a la ciudad.

Las tareas repetitivas y administrativas son las primeras en ser automatizadas. En áreas como Contabilidad, Administración de Empresas, Derecho, Periodismo y Atención al Cliente, la IA ya asume funciones básicas como ingreso de datos, revisión documental, redacción simple y atención al público.

Este escenario golpea con mayor fuerza a jóvenes profesionales y recién graduados, quienes encuentran menos oportunidades de inserción laboral en perfiles tradicionales, mientras las empresas demandan competencias digitales, análisis de datos y manejo tecnológico.

En Cuenca, el reto es claro: actualizar la formación profesional y generar empleo alineado a la innovación, para evitar que la automatización amplíe la brecha entre oferta académica y demanda laboral.

martes, 2 de septiembre de 2025

 

Aprendamos lo bueno…y ¿Por qué no?

Copiémosla.


¡Hey! Ecuatorianos, aprendamos de Nayib Bukele…enseñemos a saludar a nuestros jóvenes, enseñemos que el uniforme tiene que estar planchado y limpio, que la carita debe estar lavada, y el pelo cortado.

¡Eso es un abuso!...No nos pueden a obligar a hacer cosas tan simples, y que por aquello seremos castigado, ¿Acaso un presidente es el Rey? ¿Acaso volvemos al tiempo de los señores feudales, dueños de bienes y personas? NO; NO; NO. Sucede que en la actualidad hemos perdido todo tipo de respeto, ya no saludamos a los mayores, ya no respetamos a los ancianos, ya no obedecemos a los padres, a las autoridades, ya no nos respetamos ni nosotros mismo.

Entonces, aparece por ahí, alguien bien amarrado los pantalones. Primero encierra a los pandilleros, les enseña que la sociedad debe ser respetada, y ahora se va con los niños, aquellos a los cuales los padres empezamos a tenerles miedo y a sobre protegerlos. No permitimos que nadie los mire fijamente a los ojos y lo simples berrinches se convirtieron en ordenes que los padres tenemos que cumplirlas.

El señor Bukele dice no, si les permitimos ser mal educados, estamos dando permiso para que vuelvan las pandillas. Si les dejamos que vayan a la escuela y no saluden a sus maestros y compañeros, estamos dándoles el visado para que vuelva el desorden a nuestra sociedad. Si les permitimos llegar a clases sin uniforme, o sucio, o mal planchado, estamos dándoles nuestra venia para que se convierta nuestro país en el mismo que fue hace 6 años, perdiendo todo el esfuerzo y trabajo que nos a costado educar y tener una sociedad tranquila.

No es el hecho de estar bien uniformados, formados, limpios o cultos es que debemos vivir en orden, con respeto y diciplina, para que esos uniformes sean nuestra carta de presentación, formados para que sepan que somos ordenados y limpios, no es que por capricho del poeta se exija estas medidas, es porque necesitamos tener una sociedad que ame a su patria, que sea respetuosa.


Debemos seguir el ejemplo de Bukele. Existen muchas personas que opinan diferente, y están en su derecho, lo que no tienen es el derecho de exigir que piensen igual que ellos, que permitan que sus hijos hagan el berrinche pidiéndolas el teléfono, que griten y lloren por que no les prenden el televisor, que se arrojen al piso porque no les compraron un heleado.

Desafortunadamente estos jovencitos Irán formando su carácter caprichosamente, no querrán ir a la escuela, no querrán bañarse, y próximamente a los 8 o 10 años arranchan su independencia, van a las calles y nuevamente se forman las pandillas. ¡Deberían existir muchos Bukele en el mundo!

Recordemos que: La tolerancia es un crimen, cuando lo que se tolera es la maldad.

martes, 17 de junio de 2025

 


¿A quién pagamos para vivir en paz?



Un negocio redondo. Así puede describirse el sistema de extorsión que opera en barrios enteros del país. Solo en uno de ellos, en Guayaquil, se estima que el grupo delictivo conocido como “Los Tiguerones” obtiene ganancias de hasta dos millones de dólares mensuales, según un estudio reciente. Esto no es una exageración aislada, es apenas una muestra del profundo deterioro económico y social provocado por el crimen organizado.

Las pérdidas para los sectores empresariales, comerciales y ciudadanos en general son incalculables. Ya en 2023, el Observatorio Ecuatoriano de Crimen Organizado advertía que el 90% de los empresarios en el país consideraba a la extorsión como la mayor amenaza para su seguridad personal y la de sus negocios. En ese mismo año, en apenas dos días, 400 contenedores de banano fueron exportados con retraso debido a extorsiones, con consecuencias económicas directas. Los transportistas, por su parte, reportan pérdidas de hasta 20 millones de dólares mensuales por este mismo motivo.

Mientras tanto, el Estado permanece ausente, ineficaz o infiltrado. Si las instituciones públicas cumplieran con su rol constitucional de garantizar orden, seguridad y justicia, estas pérdidas no existirían. Esos recursos hoy robados por la delincuencia podrían estar dinamizando la economía, generando empleo o financiando servicios públicos reales y eficientes.

Pero este Estado ausente no es un fenómeno reciente. Viene de décadas atrás. Desde los gobiernos del socialcristianismo, pasando por la Izquierda Democrática, los presidentes de transición, el feriado bancario, la huida en helicóptero, la fuga de divisas en sacos de yute, los escándalos de las hidroeléctricas, hospitales fantasmas en Manabí y la corrupción disfrazada de reconstrucción. Todo forma parte de una cadena histórica de negligencia, impunidad y complicidad que ha alimentado la descomposición del país.

Mientras los delincuentes de cuello blanco saquean desde los escritorios del poder, los de la otra orilla —los armados, los sicarios, los violadores, los extorsionadores— siembran el terror en las calles. ¿Y qué respuesta encuentran? A menudo, son capturados para aparecer en patrulleros nuevos como si fueran turistas de paso. Una noche en prisión y al día siguiente, nuevamente, delinquiendo. La ley parece escrita para protegerlos, no para detenerlos.

El ciudadano común, ese que trabaja honestamente cada día, no solo debe pagar impuestos al Estado para sostener una burocracia ineficiente y muchas veces cómplice, sino que ahora también debe pagar “impuestos paralelos” a bandas criminales. Una extorsión disfrazada de tarifa por sobrevivir. Y todo esto sin garantía alguna de que regresará con vida a su casa al final de la jornada.

¿A quién le estamos pagando por nuestro derecho a vivir en paz? Al Estado, que no responde. A las mafias, que exigen. Y mientras tanto, el miedo se convierte en norma, y la esperanza se desvanece.

La solución no está en multiplicar leyes, sino en hacer cumplir las que ya existen. El Estado debe dejar de ser un espectador perezoso y cómplice. Debe recuperar el control de sus instituciones, depurar sus estructuras y romper los pactos tácitos con la corrupción. No se combate el crimen desde el escritorio ni con discursos vacíos, sino con decisiones firmes, justicia real y compromiso con el bien común.

Porque el verdadero impuesto que estamos pagando hoy no es económico. Es un impuesto moral: vivir con miedo, con rabia, con impotencia. Y eso, ningún país puede sostenerlo por mucho tiempo sin quebrarse por dentro.

  Las grandes ciudades no se construyen solamente con buenas obras públicas; también se construyen con buenas conversaciones públicas. Una s...